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miércoles, 22 de octubre de 2014

Feria festiva

Cada año la feria de editoriales del Festival de Poesía en Rosario se hace más grande. Eso no pasa en todos lados y no pasa todo el tiempo. Hay que aprovecharla. 

La gran reunión ocurre este año en el Centro Cultural Fontanarrosa. Durante viernes y sábado circula y se comparte pura poesía, desde lo nuevo, lo nuevísimo, hasta lo más clásico, incluso esas pequeñas joyas que olvidamos que buscamos, como un ejemplar de "Cartas para que la alegría" de Calveyra, Ediciones Tierra Firme a cuarenta y cinco pesos.
Dentro de este espacio de intercambio, los rosarinos tienen un rol muy importante, hacen del ambiente algo amistoso y siempre cálido. “Esto es inédito”, me cuenta Ana, editora de Iván Rosado, a quien conocí el año pasado en la feria. Ella, junto a Maximiliano, llevan adelante el hermoso espacio cultural Club Editorial Río Paraná. 
- ¿Cuál es la particularidad de esta feria?
- “Se invitan a los editores a participar, vienen de distintos lugares del país, a muchos los hospedan y tienen su lugar en este espacio y nadie se queda un porcentaje, eso es importante y es parte de la fuerza organizativa del festival”.
La movida editorial de Rosario es un núcleo importantísimo en el desarrollo y crecimiento de la poesía hoy. Iván Rosado comenzó a participar de la feria en 2012: “nos preparamos para la feria durante el año”, y de hecho, la editorial ha duplicado sus títulos publicados entre la feria pasada y esta.
Otra de las editoriales presentes, y de las más nuevas, es Danke Ediciones, también de Rosario, a cargo de Julia Enriquez. "Es muy importante la cooperación de todos", me dice Julia. Y esa, cooperación, es la palabra que va a repetirse en mi charla con cada editor.

En esta feria no hay competencia. Es otra cosa. La poesía no deja dinero, lo sabemos, entonces, si bien la idea es vender libros, el trasfondo es la difusión pero sobretodo, el encuentro.

Otro de los presentes desde el nacimiento de su editorial Mancha de aceite es el poeta Walter Lezcano: “La feria es increíble, se socializa la experiencia. Es una forma de resolver dificultades de los demás y un aprendizaje en común. Es un espacio para vehiculizar los deseos.”
Y en el recorrido por cada puesto, la mayoría de los editores señala que la gente viene específicamente a buscar los libros a la feria, entonces funciona a la vez como una marca temporal: “Hay un antes y un después de Rosario”, señala Karina Macció, de Viajera Editorial.
Otra editorial presente en el Festival es Vox, de Bahía Blanca, a cargo de Gustavo y Milton López. Vox forma parte de la feria hace ya varios años, desde el 2009. “A la editorial se acercan por el arte de tapa, la visibilidad. De todos modos, lo que es muy importante es la novedad. La gente viene a buscar lo nuevo”, señala Milton. Al lado de él está Matías Moscardi, editor de Luz mala de Mar del Plata, y mientras charlo con Milton agarra uno de los libros, "Hamaca paraguaya" de Andrés Montenegro (poeta bahiense) y dice "me llevo este" y lo paga al instante. Y agrega: "Estas son las cosas que me gustan del Festival, yo vine por la feria. Hay cosas que o comprás acá o no las conseguís. Hoy la poesía argentina circula así. Este es el terreno de la producción, esto es la poesía, acá estamos en la cresta de la ola”.

Y sí, en la feria hay novedades, como la presencia de la nueva revista de Campo Traviesa, que nace del hermoso proyecto editorial que lleva el mismo nombre. Mientras charlo con una de sus encargadas, Violeta Pastoriza, me compro un libro que quería hace mucho tiempo, Nómades, de Manuela Suárez, una novela especial que recomiendo.
Y si seguimos de recorrida entre las editoriales que vienen de Capital Federal, nos encontramos con las bellas publicaciones de Mágicas naranjas y Viajero insomne. Patricio Foglia me cuenta que es la primera vez de las editoriales en la feria y rescata de la experiencia el intercambio y que “hay mucha energía puesta en cada cosa”.
También con Zindo & Gafuri, la editorial de Mauro Lo Coco y Patricio Grinberg: “Es la feria más cómoda y amigable, es el punto de referencia. Un espacio de socialización". En el medio de la charla Mauro me dice algo que resume la experiencia: "la feria es ante todo un espacio afectivo”.
Al lado de él está Funes, de editorial Funesiana que resalta: “Conozco autores, editoriales, es un recontra hiper estímulo, yo vengo abierto, el festival te impulsa, te da energía”. Como esa que tiene Valeria De Vito, de Ediciones El Ojo del Mármol, que en su segundo año por la feria me cuenta que la importancia recae en el intercambio, el encuentro real y la posibilidad de conocer otros poetas y escuchar nuevas voces: “La feria es un referente. Hay un intercambio directo con el lector. La gente que compró el año pasado vuelve y te hace una devolución”.
La feria es un espacio de celebración y reunión. 
¡Hasta el año que viene!





jueves, 2 de octubre de 2014

Cuitas de antaño

por Anaclara Pugliese

Daiana Henderson y Pablo Fidalgo en el taller
PH Archivo CCRF


Ya corrieron todas las cortinas. Ya no entra luz ni ruido desde el exterior. La sala está prácticamente a oscuras, si no fuera por la pantalla de la notebook de Pablo que nos arroja algo de luz. El fondo de escritorio: una fotografía antigua en blanco y negro de una pareja con una bicicleta muy antigua también delante de ellos. Son las tres de la tarde y estamos en la Sala B “Irma Peirano” del Fontanarrosa, en el taller que dicta Pablo Fidalgo: “Reescribir la historia desde el poema”.

Afuera, el sol de la siesta pega en los anchos escalones de la entrada e invita a la gente del Festival a abrir sus libros recién comprados en la feria de editoriales, entre familias y chicos que, instalados, toman mate. Adentro ya se desarmó la ronda de sillas y ahora miramos todos hacia la pared sobre la cual se va a proyectar una película que nos trajo Pablo.

La puerta de la sala se abre y entra un poco de luz de afuera, en forma de “L”. Es una chica que llega tarde. Entre nosotros, dos mujeres de más de setenta toman la iniciativa y la reciben con cariño, como si se tratara de su propia casa.

—Bienvenida… ¿Cómo te llamás?

Después le ofrecen una silla. Una de ellas apoya suave la mano en la madera del asiento, invitándola, mientras le señala una escritura en su cuaderno: “Pablo Fidalgo Lareo. Taller: Reescribir la historia desde el poema”.

La obra de este poeta vigués es una búsqueda que parte de su historia familiar, atravesada por el terror de la Guerra Civil Española y la posterior dictadura franquista, para cercarse a sí mismo. Lo que vamos a ver en pantalla es un video de veinticinco minutos hecho con imágenes en súper8 grabadas por el abuelo de Pablo desde los años 50 hasta los 80, que forma parte de “O estado salvaxe. Espanha 1939”, una performance que reescribe la historia de su familia, y al mismo tiempo, la historia de España desde la guerra civil hasta nuestros días.

—Lo que hay ahí son dos relatos—dice Pablo—:el relato de mi abuelo que es de una familia republicana pero burguesa y por eso pudo comprarse una cámara, y la historia de mi abuela que es una chica de pueblo que se va antes de la guerra a la ciudad, a Vigo, y pierde su lengua materna, el gallego.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Cierre: feria, parque, mates y libros.

Domingo 28 de Septiembre - 11 A.M. Inicio de Feria. Yo llegué más tarde.

Por Sofía Aldasoro. 

La feria había comenzado hacía tiempo cuando decidí dar una vuelta. (3 P.M) Previo, quedo con Vir y nos encontramos en Oroño y el río (Wheelrihgt). Ella, me dijo, ya había estado por allá. Había sacado fotos, había hecho un poco de registro audiovisual, entre otras cosas. No había podido grabar a algunos poetas en lo verde del parque, como habían planeado hacer la noche anterior, pero esta ida nueva, le daba la oportunidad para intentarlo. 
Cuando llegué, encontré un par de caras conocidas. Vir, aún no estaba. Decidí matar el tiempo de espera y hacer la primera vuelta. 

martes, 30 de septiembre de 2014

Scalona, Ortiz, Lovell y Mairal: intimidades en la voz

Scalona, Ortiz, Lovell y Mairal en el XXII FIPR

Por Nieves Battistoni

Sábado 27, tercer día del XXII FIPR en el CC Roberto Fontanarrosa. Hoy le toca leer a Scalona, Ortiz, Lovell y Mairal (en ese orden). Ya son pasadas las 17hs., llego un poco tarde porque me entretengo más de la cuenta con la Feria editorial que se agita abajo en simultáneo y sin cortes (el mercado abajo; los poetas, arriba). Llego tarde y con las manos vacías y me acomodo en el fondo. Eso fue una mala idea; hay excepciones, pero el fondo suele ser inquieto y bullicioso. La gente va y viene. Algunos llegan, se sientan durante 5 minutos, se levantan y se van, ¿Qué habrán ido a buscar? El público ordenado parece ser el de las ¾ partes hacia adelante y voy a tratar de pertenecer a él aunque esté sentada en el fondo.
Hace unos minutos ya que Scalona está leyendo “Evangelistas”. Es una especie de poesía hablada, las inflexiones de la voz se pliegan al tono de la conversación y la conversación se vuelve hacia lo poético cotidiano, hacia experiencias que pueden ser comunes a todos (la insistencia de un evangelizador tocando la puerta de casa, los pasajes a Retiro, el encuentro con una mujer en el motel JR de Firmat –“mi ciudad se está volviendo literatura”, pienso) en las que se intercalan experiencias literarias de los tiempos homéricos: Ulises figurando la partida; Penélope, la espera. La poesía cotidiana se desdobla esquizoide y no tiene pudor en que algunos versos insistan en decir “la puta” o “sí sí, acá se coge” y que otros, más enigmáticos, se consuman en una sentencia: “la vida está hecha de adioses/ no preguntes, no me expliques” (“Orfandad”); “nadie nos hablará tan lindo como nuestro silencio” (“Asterisco 788”).


Como estoy muy lejos del atril de los poetas y a veces me desconcentro de la oralidad leída, mientras apunto lo que puedo empiezo a reparar en otras cosas, como las inflexiones de la voz y la gestualidad de las manos. Y así noto que Scalona “interpreta”, actúa sus poemas. Que “imita” la voz del evangelista, que incluso podemos imaginar su presencia detrás de la puerta de casa, que enfatiza cuando dice “la puta” y asume la intensidad de los que reprueban a las putas, que le sobreviene una especie de memoria emotiva cuando cita al motel JR, que gesticula con las manos y le da un tono conversacional, íntimo, a todas laspalabras encadenadas en el verso.

Ahora es el turno de Mario Ortiz. Está apurado –como siempre-- pero esta vez la fatalidad es externa: “es que se va”, nos dice, “se va el colectivo”. Por eso leerá muy poco.
Primer poema. Mis notas son telegráficas: hilo, madres, agujas, patio con una parra, “como si fuera una receta”, anoto. Es éste:

“Escrito con una hebra de lana marrón que encontré por ahí”
Tomá el hilo y extendelo.
Colocá en uno de sus extremos a una madre junto a unas agujas.
Distribuí cuatro paredes y formá una habitación con un amplio ventanal que dé a un patio con plantas y una parra.
¿Es la tarde? ¿Ya anochece y es otoño? Desplegá con tu mano el color del cielo, de las cosas y de la luz. Cuidá esos detalles.
La madre comenzará a tejer. Soltá el hilo a medida que lo demande.
Aprovechá ese momento porque la hebra es extremadamente corta, apenas unos centímetros.
Cuando ya no sientas en la yema de tus dedos el cosquilleo de la lana que va corriendo, cerrá los ojos por un momento hasta que todo haya desaparecido.
Ese pulóver hubiese sido para vos.
(Del Cuaderno de Lengua y Literatura volumen IX)

Está por empezar el tercer y último poema (aún ignoro que cuando Mario Ortiz atraviese el pasillo entre la gente, apurado con su bolso a cuestas, nos vamos a mirar y a sonreír. Espero que se haya dado cuenta de que me gustó mucho). Mario empieza a leer y los gestos se amplifican: cuando nombra a los planetas hace un veloz movimiento vertical comandado por el dedo índice y señala enérgicamente hacia la vía láctea; cuando dice que las estrellas y los satélites son cúbicos, la mano se vuelve exageradamente cóncava y traza la cuadratura invisible de los círculos. Cuando llega al verso final, con un hilo de voz, la voz toda de aire, exhala: “Y esperarán”. Y con ese último aliento, sin pausa, como si también fuera parte del poema, se despide de todos nosotros con un “muchas gracias”. Entonces, por mirarle las manos movedizas --esa otra escritura que es del cuerpo-- me doy cuenta, o quiero creer, que las palabras para Mario Ortiz deben de ser hondas y dolientes como una puñalada.

(Para escuchar a Mario Ortiz leyendo, hacé click acá)

Es el turno de Vicky Lovell. Su tono poético, sosegado, se aparta de Scalona y Ortiz. Ofrece otro tipo de teatralidad, quieta, casi litúrgica; su voz resuena como resuenan las voces en un templo húmedo y penumbroso, de paredes anchas y altísimas. Nos habla de Los Noctilucas y de la tapa ilustrada por la artista Patricia Frey. Los “noctilucas” (del latín nox, noctis: noche y lucere: brillar) son unos organismos unicelulares marinos, primitivos, que viven en la más oscura profundidad, y pienso entonces que su voz tiene ese eco imperceptible, esa amplificación natural de los lugares frescos y cerrados como los templos o como el mar en un caracol o como estar debajo del agua.
Empieza con un poema de Los Noctilucas:

“De espaldas un kimono de seda blanca
hace girar un abanico negro
(…)”

Y a medida que escucho me doy cuenta de que Lovell es suntuosa en la adjetivación y de que elige las palabras cuidadosamente; son palabras sensuales o remotas que le dan ese aura tan particular a su poesía: “amazonas, caligrama, epístolas, espejos, puerta ojival, invasiones silentes, larvarias, ácaros, mecedora”. Noto que ese eco imperceptible se traduce poéticamente en aliteraciones: “anímula vágula, blándula”; “no ya tuya” --la escucho decir--,  y que el último poema, “Memorias de un olvidante”, Lovell lo lee con la calma de quien susurra un cuento al oído de un niño mientras lo mece para que se duerma.


(Para escuchar a Vicky Lovell leyendo "Memorias del olvidante", click acá)

El último de la cuadrilla de poetas es Pedro Mairal. Lo estaba esperando. Va a leer un único y extenso poema sugerido por otro escritor, José Sainz. Se trata de un poema-relato en el que Mairal cuenta la historia de Cipriano al mismo Cipriano, ya muerto; lo llama “Usted”, lo invoca para hablarle de lo que sabe (o supo) pero el recuerdo que muerde pide repetir y, gracias a esa redundancia, nos convertimos en los escuchas primeros de la historia del “hombre auténtico”, del “último paisano”.

“Usted nació en el Médano, en la Punta del Monte,
un caballo tobiano lo aplastó a los once años,
tirado medio muerto al lado del camino y el caballo pastando.
Y usted pisaba los cardales descalzo, Cipriano,
es cosa de costumbre nomás”

Es un gran anecdotario todo el poema, un cofre que guarda la memoria de un tiempo que fue monte, fue palitos, kerosene y mates; andar en la huella entre los alambrados espantando cuises, seguir, incansable, la sombra de Cipriano, el mensual más viejo, el primer muerto que Mairal vio de tan cerca, el primer hombre grande analfabeto que conoció.  
Mientras lee el poema, la voz de Mairal vuelve a tener 17 años; cuando nos cuenta las andanzas con Cipriano es como si remedara el gesto de mirar las nubes que se mueven hacia el norte, las mismas que miraba el viejo golondrina buscando algo, nubes del mismo cielo en que sigue moviéndose el muerto nómada, aunque ahora Mairal esté en otro lugar y sea de otro tiempo.



Para leer completo "Cipriano", hacé click acá
Para escuchar a Mairal leyéndolo (Fragmento), acá







Poesía, fútbol y tortas asadas


Por Oscar Bermeo y Paula Bertolino 

Jeymer Gamboa de visita en el Centro Cultural El Obrador

- ¿Saben algo de Costa Rica?
Silencio.
- ¿Ni por el mundial de fútbol?
- Sí, que tiene buenas playas –grita alguien-.
Risas.

Así se quiebra el hielo entre Jeymer Gamboa (Costa Rica, 1980) y los cuarenta adolescentes que lo escuchan expectantes en el patio del Centro Cultural El Obrador. No fue como lo presumía. Jeymer esperaba oír algún reconocimiento a su selección, la sorpresa de Brasil 2014, la que lo mantuvo en vilo durante un mes, pero terminó recordando aquellas costas caribeñas que cambió por el Río de la Plata hace ya siete años.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Curaduría a la carta

por Anaclara Pugliese
Trasnoche en Bienvenida Casandra, en el XXI FIPR. Foto de Micaela Pertuzzo.


—Yo escribo para los muertos.

El pasillo de Bienvenida Casandra que algunos llaman patio se hace cada vez más largo. Contra las dos paredes, chicos y chicas hablan cara a cara, enfrentados, casi siempre, de poesía. Para llegar al baño, al final del pasillo, uno tiene que pasar por entre las conversaciones. Es sábado y son las dos de la madrugada de la última trasnoche del 22º Festival Internacional de Poesía de Rosario. 

Mientras parada en el escenario una chica se hace con el micrófono abierto y lee poemas de sexo sin amor, en el pasillo un chico de anteojos de marco negro con un vaso de cerveza vacío en la mano dice que la verdadera poesía está muerta.

Hace un rato leyeron Pablo Fidalgo Lareo (España), Osvaldo Aguirre (Rosario), Caterina Scicchitano (Mar del Plata), Christian Kent (Paraguay) y Luis Eduardo García (México). Osvaldo leyó poemas de caballos, de sulquis, y su voz fue aplanando cada vez más, pisando fuerte, la tierra llana y polvorienta de la pampa.

Adentro, ahora, el ventilador amurado a la pared gira y mueve alternativamente las lámparas de plástico que cuelgan del techo, hechas de coladores de fideos. El encargado del bar dice que ayer se terminó la joda cuando un vecino tiró al pasillo un balde de agua: aparentemente el murmullo fuerte no lo dejaba dormir. Dice que tipo doce anduvo Fabián Casas por la vereda, que iba y venía y miraba para adentro, pero aunque tenía que leer hoy, no entró.

En una banqueta, en la barra, se acaba de sentar Glaem Parls.  Es la primera vez que está lejos de su país, República Dominicana. Ayer, en la lectura del Fontanarrosa, sobre el escenario, seguro de sí, sacó un desodorante y dibujó cosas en el aire con agua y gas después de gritar, a viva voz, sin micrófono, “Acto vandálico I”. Ahora mira fijo los dos ojos cerrados de una chica, mientras apoya sus negras palmas sobre las dos palmas abiertas, extendidas, de mujer. 

domingo, 28 de septiembre de 2014

Mario Ortiz: pensar la propia escritura



Por Paula Bertolino
Taller Programa de escritura, coordinado por Mario Ortiz, en la Biblioteca Argentina

Son las 10.10 de la mañana. La sala de lectura infantil de la Biblioteca Argentina está más poblada que de costumbre. Unas veinte personas se reúnen en uno de los extremos del largo salón. A pesar de ser sábado y de mañana, el entusiasmo de los asistentes que se acercaron para la segunda jornada del taller Programas de escritura parece intacto. Un buen pálpito, que se confirma con el pasar de las horas, ilumina a la cronista. Un sujeto delgado y un poco desgarbado está sentado junto a un escritorio. Es Mario Ortiz, un par de lentes gruesos y una camisa a rayas que se irá escapando insistentemente de adentro del pantalón hasta terminar, al final de la mañana, completamente afuera. 

Un “¿Qué les quedó picando de ayer?”, inaugura la jornada. El hilo de la charla fluye rápidamente hacia las lecturas del 22º Festival Internacional de Poesía de la tarde previa . Una poeta dice percibir cierta persistencia objetivista en los textos. Otra mujer refiere a la “monotonía” de las lecturas, a un desinterés en el modo de decir por parte de los poetas. Ortiz lee allí dos modos diferentes de entender la poesía. “Podemos pensar que la poesía se agota en la página, en el libro, en la parte impresa”, dice, y agrega: “Y que la lectura es entonces como un apéndice que se da cuando se da, en algún recital”. La otra opción, señala, es pensar a la lectura como una parte integrante de la escritura. Frente a estas dos opciones dicotómicas aparece, según Ortiz, la necesidad de definir un programa de escritura, para que “nuestras decisiones estéticas no sean mero fruto de la casualidad, de la improvisación o de la imposición de otro”.

Retomando el tema del encuentro del anterior, Ortiz lee un fragmento del texto El arte como lenguaje, de Yuris Lotman: “La elección por parte del escritor de un determinado género, estilo o tendencia artística supone así mismo una elección del lenguaje en el que piensa hablar con el lector. Es un sistema modelizador de mundo”, dice. A continuación desliza: “Esto es teoría literaria pura, hard, hard rock”. Las risas no se hacen esperar. Y es que para este poeta bahiense, quien quiera escribir poesía no solo tienen que leer poesía, leer la realidad, sino también teoría, “mover la croqueta para problematizar algunas cuestiones”. Ante la consulta de los talleristas no duda en recomendar lecturas: Introducción a la teoría literaria de Terry Eagleton y Política y literatura de Jacques Ranciere. 

sábado, 27 de septiembre de 2014

"1.000 millones" en vivo y en directo

Por Oscar Bermeo


Anoche, durante tres horas, la rosarina plaza Montenegro fue el epicentro del sacudón poético hispanohablante. Autores de diversas latitudes coincidieron en el primer piso del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa para ver nacer a "1.000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI", un intenso manifiesto colectivo que da luces sobre la obra literaria de los jóvenes que revitalizan continuamente el idioma castellano.


Bernardo Orge y Daiana Henderson presentan "1.000 millones...". (Foto: Guillermo Turín)


En la presentación, Bernardo Orge y Daiana Henderson, dos de los editores del proyecto, enunciaron algunos rasgos de la selección. Una lengua común y un grupo etario similar (nacidos entre 1980 y 1995) fueron algunas de las pautas que dijeron tener en cuenta durante el proceso. En un momento, Bernardo rompió el protocolo."Hay que dar un agradecimiento expreso a Google", dijo destacando el rol de la navegación en el ciberespacio para descubrir nuevos tripulantes en la misión.

Julio Balcázar en plena lectura. (Foto: Guillermo Turín)


Lo que siguió fue una puesta en escena de la publicación. Como si se tratase de una versión en vivo de "1.000 millones...", gran parte de los autores antologados fueron subiendo al escenario, uno a uno previa presentación, para leer sus poemas. Los textos intencionalmente largos de Pablo Fidalgo (España); los deseos de Julio Balcázar (Venezuela) por mudarse a Rosario; la confesión de Kevin Castro (Perú) de su abandono universitario, fueron algunos de los momentos que la noche propinó. 

Bernardo Orge compartió con nosotros mayores detalles de la flamante publicación en la siguiente entrevista. 

- El año pasado la orientación de las publicaciones, lanzadas en el contexto del Festival, cambiaron de rumbo. Se dejó la producción de obras completas y se pasó a las antologías colectivas. Este año se refuerza esa nueva senda con “1000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI”,  ¿qué motivó a cambiar ese enfoque?

Creo que no me toca a mí responder esta pregunta, recién me sumé este año al equipo de organización. De todas maneras, una hipótesis: capaz que el hecho de que en el Festival se crucen autores y publicaciones de todas partes terminó decantando en estas iniciativas.
Por otro lado, no me parece que se trate de un cambio de enfoque radical. Si uno mira el breve catálogo que se armó con las publicaciones del Festival encuentra, como decís, obras poéticas reunidas pero también libros de entrevistas, ensayos, etc. Analizando esa serie podés pensar que los móviles de todos esos libros son más o menos los mismos: poner en circulación textos difíciles de conseguir, intervenir críticamente sobre el campo… tratar de proponer, en definitiva, iniciativas editoriales necesarias y a veces postergadas. En este sentido, las antologías se suman a la colección sin mayores problemas. Como lector, Trabajo nocturno, la obra reunida de Inchauspe, y 30.30, la antología de poesía argentina del siglo XXI, me parecen libros igual de necesarios. Además, lo que pasa un poco con las colecciones es que los primeros títulos de la serie condicionan a los que siguen pero a la vez los títulos nuevos resignifican a los anteriores. En la solapa del 1.000 millones el primer libro de la lista es de Juan L. Ortiz. ¿Qué puede significar esto para un chico rosarino que no conoce a Juanele y se compra la antología interesado por autores de su edad? ¿Qué le va a pasar con eso? Estas preguntas se magnifican si se piensa en lectores extranjeros.


viernes, 26 de septiembre de 2014

María Teresa Gramuglio: "La fábrica de Juan José Saer"

Por Nieves Battistoni
Gramuglio durante la apertura del Festival. Foto de Oscar Bermeo.

Es el principio y está sola en el escenario teñido de rojo. María Teresa Gramuglio fue elegida para abrir el XXII FIPR en el teatro de Plataforma Lavardén. Piensa que esta tarea se la deben haber asignado por su doble condición de rosarina y de testigo --“sobreviviente”, aclara-- de Juan José Saer; por la larga amistad que mantuvieron y que se hizo patente, “textual”, en los artículos críticos que escribió a partir del 2005, después de la muerte del autor. Pero de la proximidad afectiva no va a hablar.

“La fábrica de Juan José Saer: los borradores, los poemas, la obra” es el título que finalmente eligió para su intervención. Había pensado llamarla “La composición del poema” o, en clara alusión barthesiana, “La preparación de la obra”, pero prefirió hablar de “fábrica” y la explicación de lo mucho que le costó dar con el nombre justo funciona para María Teresa como “un hilo para tirar de la trama” y así poder empezar.



Parls, Scicchitano y Castro de visita en el distrito Sur

por Milena Bertolino 

Andrea Ocampo, Glaem Parls,  Caterina Scicchitano y Kevin Castro

El jueves en el distrito Sur Glaem Parls (República Dominicana), Kevin Castro (Perú) y Caterina Scicchitano (Argentina), tres poetas incluidos en la antología 1.0000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI visitaron el taller de literatura que coordina AndreaOcampo.
En un ida y vuelta con los talleristas hablaron sobre cómo es su proceso de escritura, desandaron sus estilos literarios y compartieron, en el caso de Parls, algo de la realidad política, cultural, étnica y religiosa de su país.
El dominicano destacó la tradición oral de su país, contó que allá a los poetas se les tiene mucha consideración y que hay sitios en las ciudades donde se juntan a narrar o recitar. Entre ellos destacó una cafetería de Santo Domingo casi centenaria, la Cafetera, lugar que al Parls niño de ochos años le gustaba visitar camino de ida o vuelta de comprar el periódico y pasar ahí el tiempo, rodeado de poetas. También contó que incluso en los comercios se les tiene gran estima a los poetas porque imantan a los peatones hacia sus negocios. Además, Parls compartió su visión personal sobre la poesía, a la que definió como "una necesidad existencial que se traduce en imágenes", y al poeta como "un hechicero de la palabra que va transformando en el tiempo de vida todo lo que ve y siente, y hasta cierto punto se vuelve un profeta”

jueves, 25 de septiembre de 2014

Escritores imperialistas

La fotografía de Willy Donzelli de la noche inaugural del XXII Festival de Poesía, sintetiza la mesa en la que Jorge Isaías, Francisco Bitar y Fabián Casas, coordinados por Nora Avaro, debatieron en torno a Juan José Saer: "La angustia de las influencias. Escribir con Saer/contra Saer". Casas, retirado de la mesa, de brazos cruzados, luego de declarar que llegó a hablar "contra Saer", y tras un largo paréntesis de anécdotas que incluyó la de una beca en Estados Unidos donde conoció a un influyente poeta de un condado americano, dijo que Saer como César Aira son escritores que producen mucho "spam" y que, como Leónidas Lamborghini, son a la vez escritores "imperialistas", que lo invaden todo y a quienes no les gusta los escritores diferentes y sólo se relacionan con saercitos; Casas --decíamos-- escucha a Bitar quien arguye que pese a ser un escritor santafesino no se siente presionado ni ahí por Saer, aunque señala que Saer se anticipó veinte años a sus lectores y creó un territorio que recién ahora "leemos", entre Bahía Blanca (y más abajo, el desierto) y Paraná (y más al norte, el monte). Al final, Isaías se encargaría de traer al Saer recién descubierto, más anecdótico y cercano a las enseñanzas de Juan L. Ortiz que el mismo Isaías conoció.


Fotografía de Willy Donzelli.
Audio registrado por Sonidos de Rosario.

Gandolfo: un año de poesía

El nuevo libro de Elvio Gandolfo se llama El año de Stevenson (Iván Rosado) y reúne poemas que Gandolfo escribió, según el organigrama diegético del volumen, cada día durante un trimestre (“Primer trimestre” es el subtítulo de este primer tomo al que, aseguran desde la editorial, le seguirán otros tres). Gandolfo, invitado al XXII Festival de Poesía, además de dar su lectura en la mesa de cierre del Festival (el sábado 27 a las 20 en el CC Roberto Fontanarrosa), presentará el libro ese día al mediodía en la editorial (en la galería Dominicis, Catamarca 1427 local 12).
Elvio Gandolfo en el XVII Festival de Poesía. Foto de Giselle Marino.

En El año de Stevenson, a diferencia de sus narraciones (y no es que estos poemas no sean narrativos), parece que las historias y los detalles provinieran de alguien que camina al lado de uno. Los poemas sobre mujeres son infinitos, porque abarcan gestos grandiosos, cosas de muchos años atrás que regresan, o clases sociales y paisajes que abarcan enormes distancias. Tal como suelen ser las conversaciones sobre damas que ejercieron un sostenido influjo en hombres de imaginación febril. Pero también los de hombres mayores que se derrumban o se murieron y aparecen retratados en algo casi nimio, que suele ser la literatura, el cine o sus derivados: los festivales de cine, los encuentros literarios, ese orbe que alguna vez pudo vislumbrarse como una entrada de enciclopedia y ahora es un lugar de trabajo. Hay, en El año de Stevenson, como acotaciones, apuntes a veces irónicos sobre ese mundo del periodismo cultural al que pertenece Gandolfo; por ejemplo, la imagen del narrador que llega a su casa después de un periplo por un festival de cine y se deshace de la bolsa con libros y programas para volver a salir. O el hallazgo del término “poeticas” en una columna de Diario de Poesía, que sorprende al ineludible Gandolfo-narrador-del-poema porque se maravilla e interpreta que algo del orden de lo centroamericano ingresó al fin al Diario (“poeticas” en lugar de “poetisas”) cuando cae en la cuenta de que se trata de un error de tipeo y la columnista se refiere a “poéticas”; lo que a la vez enfatiza la distracción con la que nuestro narrador estuvo leyendo la página.

En esta breve entrevista realizada en un impasse de la noche inaugural del Festival, Gandolfo se refiere a la escritura de ese libro.

Fabián Casas: "Lo que no se tiene"

Por Natalia Romero

Y entonces estamos en Almagro, Buenos Aires, donde Fabián Casas está invitado al ciclo "Necesito oler limón”, en el que hablará de su experiencia en la literatura junto con Débora Mundani y Luis Mey.
Fabián lleva un traje a cuadros, camisa a tono, lentes grandes y cuadrados. Iimpecable. Antes de arrancar nos cuenta que está por ser papá por segunda vez y que, además, se está mudando.
Imagen tomada del blog de Eterna Cadencia.

Y dice, por ejemplo: "Un día fui a una librería y le dije al librero: 'quiero ser poeta, dame lo que se lee ahora'. El librero me pasó un ejemplar de Alambres, de Néstor Perlongher. Intenté hacer varios poemas parecidos, pero no me salían. Hasta que llegué a Joaquín Giannuzzi, y ahí me dije: 'voy a robarle a él, y así empecé'”.
Habla, Fabián habla de lo que no tuvo y de lo que empezó a aparecer entonces. Dice: "Para empezar a escribir siempre hay que ir a lo que no se tiene. Hoy escribo muy poco. Leo, leo todo el tiempo. Leo mucho y cosas muy diversas. De todos modos, cuando estoy metido con algo, no paro. Hoy, por ejemplo, en la cola del banco, entre que saqué el número y me atendieron, escribí un capítulo de algo que estoy por publicar".
—¿Qué es la poesía para vos?
—Para mí la poesía puede estar en todos lados, la poesía es incertidumbre, por ejemplo Ricardo Zelarrayán y La Gran Salina, que es todo un gran poema. Cuando lo leí fue algo que me cambió. El encuentro con la poesía es algo que modifica mi forma de ser. Para mí el poema es emoción y, justamente, lo que quiero es que diga lo que no quiero decir.
Fabián Casas participa este jueves de la mesa inaugural del Festival, en Plataforma Lavardén a partir de las 19.30, donde hablará junto con Francisco Bitar y Jorge Isaías acerca de Juan José Saer –escritor homenajeado en esta XXII edición del encuentro de poesía–: “La angustia de las influencias. Escribir con Saer/ Escribir contra Saer”.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Finalistas del concurso Aldana 2013: suenan los más jóvenes

por Milena Bertolino

El martes en el marco del Festival  leyeron en la biblioteca Estrada los finalistas del concurso municipal de poesía Felipe Aldana (2013) en la categoría hasta ahora inédita de menores de 21 años 
Sábado de por medio durante los últimos cinco meses estos jóvenes, que en su gran mayoría nunca habían asistido a un taller literario, formaron parte del taller de poesía ofrecido por la Editorial Municipal (EMR) y coordinado por Bernado Orge en la biblioteca.
Atraídos por estilos y estéticas de vertientes que van desde poetas clásicos occidentales del siglo XX hasta escritores e historietistas pulp japoneses, con un recorrido personal más o menos extenso y variado de lecturas, publicados sus textos en libros y blogs o pocas veces compartidos con lectores extraños, todos ellos hacen de la escritura un espacio propio.
En esta entrevista Francine Rostán (FR), Georgina Grasso (GG), Magalí Gómez (MG), Franco Bedetti (FB), Fidel Maguna (FM) y Cleffa Takahashi –Sol Figueroa– (CT) nos cuentan qué les dejó el taller al que asistieron, anticipan su paso por el Festival en estos días y, de regalo, nos dejan un poema.


Arriba: Georgina Grasso y Franco Bedetti. En el centro: Fidel Maguna, Francine Rostán y Magalí Gómez. Abajo: Cleffa Takahashi y Lucía Calvo Enseñat.

sábado, 28 de septiembre de 2013

El oráculo de Delfos

Breve escena de la clínica de poesía, que se desarrolló a la mañana, durante los días del Festival en la Biblioteca Argentina.

por Anaclara Pugliese

Carola Brantome y Diana Bellessi en la lectura final del XXI Festival. Fotografìa de Guillermo Borella.

Las dos manos se mueven en el aire. Buscan el ritmo del poema. Lo intuyen apenas. Las yemas de los dedos pulsan suaves castañuelas invisibles. Parecen querer desprenderse del papel definitivamente. Diana Bellessi lee con el vaivén de su voz de cantora de coplas en la Sala infantil y pedagógica de la Biblioteca Argentina, donde se desarrolla la Clínica de Poesía del Festival.
—Bueno querido Esteban ¿te sirve de algo esto que te estamos marcando o te sentís horrible?
—Las dos cosas —responde Esteban y todos nos reímos.
—Este poema me gusta porque tiene muy pocos elementos, tiene dos o tres cositas, está hecho casi con nada.
Una mujer vestida con una campera de hilo de un rosa estridente cuchichea que el poema podría ser “tranquilamente un cuento corto, tranquilamente”.
—A mí me gustan los poemas narrativos —continúa Diana—, que cuentan un cuentito, porque la poesía también es el arte de narrar, sólo que la poesía narra de otra manera. Que alguien lea este poema con una voz simple, por favor, porque se ponen nerviosos y leen para el culo. ¿De qué se ríen? ¿De que dije culo? Soy bruta, ¿no?
Empieza a leer una chica con voz simple. Cuando termina, Diana pide que comenten el poema.
—El poema está adentro, no está en lo que decís —le dice a Esteban Carola Brantome, con un acento nicaragüense que amontona un poco las sílabas.
—Pero no entiendo lo que decís.
Otros tampoco entendieron.
—No te lo puedo explicar —y mirándolo a los ojos como queriendo hurgarle adentro—: vos sabés lo que te estoy diciendo, vos sabés.
—¿Qué más ven en este poema?—coordina Diana.
—Para mí el segundo verso hay que sacarlo—de nuevo, Carola.
—Pero ese es el verso que más me gusta.
—Y bueno, ¡justamente por eso lo tenés que sacar! —afirma mirándonos a todos como si se tratara de una obviedad.
—Carola es el oráculo de Delfos —superpone Diana, sobre las risas de todos—. Bueno, ahora no se va nadie, porque vamos a leer unos poemas de Francisco Madariaga. Acá tenemos el micrófono ¿Quién quiere leer?
—Yo —dice la chica de voz natural, y se va sentando con Diana, delante del micrófono. Intentan prenderlo, pero no funciona.
—Si no lo leo en voz alta y listo.
—El micrófono es para que se muevan las piedritas que están debajo de este cemento y las nubes del cielo —responde Diana, y mientras va moviendo los dedos como piedritas. Las manos como nubes.

De barrios, tiburones y malecones


“Antes los pibes no entendían nada, llevábamos de una a Washington Cucurto y los pibes flasheaban. Pero después nos íbamos y nunca más veían una poesía. Era cómo un shock de poesía”. Quien habla es Federico Tinivella, coordinador del área de Cultura del Centro Municipal de Distrito Oeste, la zona que aglutina los peores índices socioeconómicos de la ciudad. Vamos en su auto a recoger a Ariadna Vázquez Germán para luego llevarla hasta el colegio N° 569 del barrio Santa Lucía, cerca del límite de la ciudad; territorio –como tantos otros- testigo del crecimiento de la violencia y la delincuencia organizada a fuego y plomo.

Federico explica que para lograr algo que tenga menos de shock y más de continuidad, hace unos años decidieron generar un ciclo de visitas poéticas a la escuela, con poetas de la ciudad, y que el poeta invitado al Festival llegue como la frutilla del postre. En rigor, en un rato nomás, Ariadna estará cerrando el ciclo“Los poetas hacen escuela”.

Llegamos al hotel, pero Ariadna recién empieza desayunar: jugo, café, ensalada de frutas; un típico desayuno centroamericano. Esperamos afuera y, casi como si fuera una necesidad, hablamos de poesía. “Una vez leí Pizarnik tratando de escribir novelas o cuentos y no va, no se puede sacar la poesía de encima”, dice Federico, que también es poeta, escritor y fotógrafo. “Naa, lee la poesía de Bukowsky”, me dice cuando le digo que sólo leí algunas de sus novelas y cuentos, y que no me gustaron. Le cuento que ayer, la lectura tumbera de Oscar Fariña me hizo cagar de risa, “voy buscar algo de él”, dice. Sale nuestra poetisa y partimos rumbo a la escuela.



Poesía al instante

Por Delfina Amelong



Espacio laberíntico, onírico, con recovecos por doquier. Recorrer la Plataforma Lavardén, cargada de versos que transforman el aire, es una experiencia de esas en las que uno se olvida que el tiempo está transcurriendo.
Entro al ropero mágico, sigilosamente. Aunque advertida de qué había allí, no sabía con qué iba a encontrarme. Miro la escena, no quise interrumpir. El clima que allí se respiraba era casi irreal. Flotaba una atmósfera espesa. Espesa, espesa, otra dimensión. Quise sentarme contra la pared y me di cuenta que estaba apoyándome contra una pila interminable de libros. Libros hasta el techo, libros en las mesas, libros flotando. La luz tenue y un cuadro de “Medusa” me sugirieron que otra fuerza podría llegar a estar sosteniendo la pila de libros.
En ese cuadro está Fernando Callero, con sus pantalones ajustados, sus rulos crecidos, sus anteojos, y su ser. “Si querés decir la frase en inglés, no pongas «cerebral universal mix », mejor poné «cerébral univérsal mix », sugiere Callero en esta “gomería” literaria, donde “reparan tu poema en 5 minutos”. La autora del poema lo mira con atención, avalando su corrección. “La poesía tiene musicalidad, no es lo mismo «no seas tan cruel » que «no seas tan cruél » (no busques más pretextos)”.
Fernando toma lápiz y goma, es un maestro artesanal.

Daft Callero

Fotografía de Micaela Pertuzzo.

Ya aclaró de entrada que le gusta la joda, por eso no sorprende que el jueves, con ganas de música, fue hasta el hotel, cazó la guitarra -de su hijo, decían en el bar- y volvió a Bienvenida Casandra. Arriba del escenario tocó Get lucky, el tema sensación de Daft Punk.

Jordi Doce: la ciudad traducida

Por Rosario Spina

En el pasillo que lleva hacia el salón de música del Colegio Parque de España hay varias aulas vacías. Las puertas tienen ventanas ojos de buey de donde cuelgan cartelitos con el nombre de cada departamento. A través de ellas se ven sillas y bancos perfectamente acomodados. Hasta allí, el primer piso, se accede mediante una escalera amplia, de esas que son tan cómodas que una no se da cuenta de estar subiéndolas.
Al final del pasillo se oyen murmullos. Antes de abrir la puerta pueden verse los alumnos acomodados en sus asientos. Cerca, Adriana Llosas, la vicedirectora del colegio. Al final de las hileras, frente a ellos, Jordi con Ana Celia y Rosario, las profesoras de Literatura Española. 


Pasen. El Festival en las escuelas está comenzando.


Fotografía: Micaela Pertuzzo

“La enigmática sonrisa del delfín, que algunos han creído vislumbre de inteligencia y otros tantos han figurado con pericia en incontables emblemas, no es tal vez sino la sonrisa de quien ha olvidado trayecto y destino y se entrega ligero al puro placer del avance…” 


Jordi pronuncia cada sílaba con detenimiento. Pero esto, esta lectura, sucederá más tarde. Jordi leerá sus poemas y luego algunos chicos le harán preguntas. 

Ahora, antes de la lectura y de las preguntas, una alumna pasa al frente y lo presenta. Y más o menos esto es lo que dice: