Una cuota de cansancio por las obsesiones propias. El amor a la poesía. La necesidad de defender a diario el ritual de la escritura y la lectura. Estos —y quizás otros— sean los hilos conductores entre el lector y SelvaDipasquale (Buenos Aires, 1968)
Selva asegura que escribe en medio del caos y el desorden, pero luego también cuenta de sus cuadernos rotulados: «Poemas de la mañana», «Poemas-meditación», «Poemas-sueños». Es que quizá, el caos de Selva tenga un cierto orden íntimo, únicamente inteligible para el íntimo mecanismo del poeta. «Los poemas me imponen cosas, me reclaman que esté de una manera o de otra, son como personas o seres que se plantan frente a mí y requieren rápidamente autonomía»
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Qué
lectura (texto, película, música) o experiencia te llevó a escribir poesía?
¿Qué gatilló el poema? ¿Qué edad tenías? ¿Provenías de un ambiente
familiarizado con la poesía o la literatura
No tengo muy
claro cuál fue el suceso disparador de mis inicios en la escritura
poética. Pero elegí comunicarme en versos desde muy chica. Tengo guardados
textos de cuando tenía 9, 10 años. Les escribía poemas a mis padres y sobre
distintos acontecimientos. Conservo un librito que armé en mi infancia con
fotos familiares y poemas. Mi mamá me
había regalado un libro de Khalil Gibran y en esos textos breves me había
propuesto emularlo (!). También, guardo
manuscrito el que considero mi primer poema: “El cielo tiene muchas cosas y
aparte se ayudan”. Mi papá lo fechó: 22/6/77. De todos modos, es solo una referencia de ese
modo que elegía para comunicarme. Recién me empezó a gustar algo de lo que escribía
y a querer compartirlo con otros a los 25 años.
Mi mamá también escribe aunque no ha publicado y es una gran lectora. En mi casa de la
infancia siempre hubo muchos libros, aunque no tantos de poesía, más de
narrativa y de política, y música y un preocuparse y ocuparse de las
actividades culturales.
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¿Cuál es
tu proceso de escritura? ¿Tenés un método, un horario, un lugar? ¿Te acompañás
con lecturas?
En este momento
de la vida en el que han aumentado las obligaciones laborales y familiares
tengo que programarme para escribir. Si
no genero un espacio, si no me organizo la escritura no es posible. Hay días en
los que me encuentro organizándome para escribir, más que escribiendo (!).
Intento levantarme muy temprano, a las 5, antes de que el día comience, antes
de que mi hija despierte, llevarla a la escuela e ir al trabajo. Tengo varios
cuadernos etiquetados: "Poemas de la mañana", "Poemas-meditación", "Poemas-sueños",
"En viaje", "Citas". Esto no significa que
siempre escriba en todos esos cuadernos ni que siempre logre levantarme
temprano. Pero, claramente, seguir escribiendo hoy es una decisión que se pone
en juego cada día. Y sigo sintiendo
placer cuando logro llevar mis planes de escritura adelante.
En el de "Poemas
de la mañana" escribo sin plan previo, se trata de sentarse y ver qué
reflexiones o imágenes aparecen. En el de "Poemas-meditación" parto de objetos
diversos, escribí varios textos relacionados con el mundo vegetal. Lo que me
propongo es contemplar la forma, el color, la textura, el olor y el sonido de
la palabra que designa a cada objeto y escribir a partir de allí. En esa línea, adoro el trabajo de Ponge. Si
necesito, busco información sobre cada cosa, que generalmente no transcribo,
pero, a veces encuentro, a posteriori, resonancias que me sorprenden. Últimamente, también, estuve escribiendo y
pintando a partir de unas fotos Shomei Tomatsu.